Con el Alma en la mano…

Dedicada al ejercicio de mostrarme ante la vida desnuda de cuerpo y de alma, cada mañana me pongo ante mi ordenador y le pego a “nuevo”, ese concepto que Word nos brinda y tanto contiene: un documento en blanco. Un papel vacío de contenido. Y que es la inmensidad de posibilidades atrapadas en mis dedos que se pasean por el teclado, a ratos un poco asustados de tanto que tienen que correr para poder plasmar en palabras eso que se escapa por entre las rendijas del corazón. Y deben hacerlo muy rápido porque un leve pensamiento, un ligero aroma, un sonido diferente, una ojeada al reloj pueden romper la magia de este regalo, que es el regalo de compartir lo que soy….

Mi gran duda radica pues, no en la forma, que la vida me regaló un montón de palabras para jugar, sino más bien, en el miedo, porque en medio de la vorágine de las redes sociales y los mensajes por el móvil que invadidos nos tienen, por dios, hay mucho en donde leer. Hay mucho donde perderse, mucho donde entretenerse y el tiempo, valioso regalo, perder. Por eso no quiero desaprovechar este impulso, con palabras fáciles que no digan nada. Mucho o poco mi alma se escapa desde la punta de mis dedos y algo tiene que decir…

Confiar. Para ser tengo que confiar. Y confiar para ser.

Porque si me pierdo en el juicio que los demás van a hacer sobre mí, este retazo de ser no tiene valor. No estoy atenta a los “likes”. Las palabras juguetonas sobre este papel responden a una necesidad de mostrarme, de decir al mundo que no tengo miedo, de explicar las razones de mi apacible existir y la alegría tontorrona que a veces me hace sonreír.

El ejercicio de vivir es sagrado, es el milagro que a cada segundo sucede, tan mágico y poderoso que se nos pasa de largo y lo damos por hecho, no lo pensamos y casi ni lo sentimos. Solamente cuando las vivencias nos sacuden nos decimos lo chungo que es todo y cuánto de injusto. Nos sentimos más en los momentos duros que en medio del regalo de experimentarnos en paz y felices.

Y hoy pongo atención a este detalle: esa es nuestra elección, vivir el conflicto, cargarnos de juicios y ataques con la mirada perdida en el dolor…. O podemos sentir el escalofrío de nuestra más rotunda humanidad y escarbar en medio del sufrimiento para encontrar un espacio calentito y seguro, el fondo, nuestra esencia, la única verdad, ese lugar en el que estamos a salvo y al que nadie tiene acceso más que nosotros. Ahí, nos paramos, nos abrazamos, lloramos y sentimos y también nos enfadamos. Y tras una respiración profunda y consciente, el cuerpo y el alma se iluminan de nuevo para salir al mundo a danzar, siendo un poco más sabios, un poco más grandes, un poco más amorosos, comprensivos… Es el milagro de saber que no estamos solos…

VIVELAVIDAMARTA

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